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“It’s Album Time” – Todd Terje

Ya pasó el momento de los sencillos, de los EPs, de los remixes y colaboraciones con Lindstrøm. Es hora de un disco. It’s Album Time. Tras casi diez años de carrera, lanzamientos esporádicos —ya sea en compilaciones o como co-productor de canciones de Franz Ferdinand— Todd Terje finalmente saca su primer álbum de estudio, oportunamente titulado It’s Album Time (Olsen Records, 2014). La portada no podría ser más adecuada: un Todd Terje capturado en una mezcla caricaturesca a medio camino entre Bob’s Burgers, Ed, Edd y Eddy y otras figuras estilo Liam Howlett (Gorillaz, Tank Girl, etc.) o Genndy Tartakovsky (La Vaca y el Pollito o Star Wars: Clone Wars). En realidad, el diseño fue hecho por Bendik Kaltenborn, diseñador noruego de gran renombre, que ha hecho portadas para el New Yorker y el resto de EPs de Terje. Si algo comunica este diseño, es la levedad y dulce diversión con la cual se desenvuelve el resto del disco.

La palabra clave en el párrafo anterior es “mezcla”. El debut discográfico de este productor y DJ noruego resulta en una sabrosa mezcolanza sonora que —como buen martini— está batido, no revuelto; es justo el toque necesario de cada género musical, la cantidad exacta para dar sabor y apreciar una nueva textura.

Todd Terje

El álbum abre con un corte introductorio. Desde un inicio, Terje hace presente el leitmotif del disco: el retrofuturo; tomar piedras angulares (que hoy más bien parecen rocas amorfas) de un pasado innovador para reinventarlas de una manera contemporánea. Desde los primeros segundos, el disco rápidamente se delata como un álbum referencial, que depende de un conocimiento —aunque sea mínimo— sobre géneros pasados, como el disco o el funk, para comprender que Terje regresa a este pasado con fines lúdicos y completamente amables. Es decir, en este disco todo tiene su nicho; desde Chic o Bee Gees a Donna Summer, de James Brown a Celia Cruz.

Las dos canciones siguientes giran alrededor del personaje Preben, y se titulan “Leisure Suit Preben” (asimismo, una alusión al primer videojuego para adultos, Leisure Suit Larry, donde un loser creído dandy trata de conquistar mujeres)  y “Preben Goes To Acapulco”. El primero es un corte que ostenta estilo y es elegante, como de alguien preparando su noche con zapatos de tacón y pantalones acampanados. “Preben Goes To Acapulco”, por su parte, es el primer track que demuestra esta propiedad masajea-oídos de Todd Terje. Similar a lo que Kirk Degiorgio hizo en su disco Planetary Folklore (Mo Wax, 1997), donde las percusiones estereofónicas llenan los oídos, Terje realiza composiciones donde prima el sintetizador, y éste recorre ambos tímpanos como en un circuito cerrado.

Si las dos anteriores canciones remiten a un estilo totalmente ochentero, de una serie muy al estilo de Miami Vice o El Auto Increíble, “Svenk Sas” es una pieza de salsa con tempo acelerado. Entre algo parecido a instrumentos de viento, voces procesadas y una percusión atípica para esta tropicalidad, Terje continúa releyendo géneros e imponiendo una estética nu-disco a todo lo que se encuentra a su alcance. “Strandbar” y “Delorean Dynamite” también remiten a una noción de funk; en especial “Delorean Dynamite”, que comienza como corte de house, pero rápidamente se convierte en un in crescendo funky de muchísima soltura y sabor, como un escuchar a Level 42 o The Police llevados al futuro en una máquina del tiempo.

El álbum alcanza un punto que lo divide en antes y después. Este es marcado en la canción “Johnny and Mary”, cover de Robert Palmer. “Johnny and Mary” cuenta con la voz de un clásico: Bryan Ferry, ex vocalista de Roxy Music. Mientras todo el disco se sostiene sobre el beat rápido y juguetón, “Johnny And Mary” es una lenta balada melancólica, donde los lamentos narrativos de dos amantes ficticios dan la impresión de pertenecer a la tristeza de uno.

Cada vez más cerca del final, “Alfonso Muskedunder” parece el resultado de escuchar incontables veces la discografía de Esquivel. Un delicioso jolgorio de easy-listening y sintetizadores incansables constantemente atestan los oídos, llenándolos de sonidos curiosos e imponiendo un aura festiva de excelso candor.

Las últimas dos canciones son la prueba de que el final de un buen trago no es la parte más asquerosa. A comparación de los otros tracks del It’s Album Time, “Oh Joy” podrá no ser el más rítmico o excelso, pero su explosividad latente, su avance progresivo de escala musical sencilla y su vibra ochentera, probablemente la hacen una de las mejores canciones del disco. El dulce cierre viene con “Inspector Norse”, canción que ya se había lanzado hace un par de años, cuyos tintes de progressive house la hacen la segunda mejor del disco.

It’s show time. It’s Album Time. Esta divertida producción que remite a una sensual pista de baile es el equivalente sonoro a encontrar, sorpresivamente, los hielos para el refresco en el día más caluroso de primavera: la bebida es prácticamente la misma, pero el sabor es diferente, hay más frescura y la sensación es exquisita. Todo cambia aunque permanece en el mismo sitio, en los mismos estribillos y los mismos patrones rítmicos. Como el refresco con hielos, Todd Terje diluye años de música dance en un sabroso cóctel dispuesto a satisfacer a cambio de una escucha.

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